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Encuentros Inesperados [Privado Zach y Estrella Torcida]

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Encuentros Inesperados [Privado Zach y Estrella Torcida]

Mensaje por Estrella Torcida el Lun Mayo 23, 2016 5:48 pm

El fío calaba por todo su pelaje. Un estremecimiento recorrió todo su cuerpo y un pequeño estornudó salió de su hocico negro. La tempestad de nieve había arreciado la noche anterior y un bello, y denso, manto blanco se extendía por todo el páramo. Su entusiasmo de hacía dos días se había esfumado con la última gran helada. Ahora la tarea de encontrar presas se había hecho mil veces más ardua que antes. Estaba completamente seguro de que las presas debían de haberse escondido en sus guaridas, esperando pacientemente a que la estación Sin Hojas abandonara el bosque para volver a atiborrarse de brotes de hierba alta y otras plantas jugosas. Mas su clan no podía esperar a conseguir alimento. Debían de alimentarse rápidamente si no querían que la muerte acabara con ellos. Debían de encontrar presas, de una forma u otra. Aquella misma mañana le había ordenado a sus guerreros que encontraran comida en un lugar al que no se atrevían a ir: al poblado de los Dos Patas.

Había sido especialmente cuidadoso al advertir a sus guerreros que estuvieran ojo avizor a los Dos Patas que pululaban por aquel hostil territorio. Además, había explicado que tuvieran sumo cuidado con los proscritos que allí vivían, puesto que en estos tiempos debían de encontrarse mucho más hostiles que de costumbre. Hizo un gran hincapié en que se mantuvieran ocultos de los ojos de los otros clanes del bosque. Puede que ahora mismo no estuvieran teniendo un gran interés entre ellos, pero debían de encubrir sus huellas de los demás. Lo último que quería era que los restantes clanes supieran que estaban intentando buscar comida en los terrenos de los Dos Patas. Sabía perfectamente que no era una de sus mejores ideas, pero la escasez de alimento y la alarma a que otro de sus compañeros falleciera por no recibir la cantidad necesaria de comida, lo habían empujado a cometer actos de alto riesgo.

Ahora se encontraba cerca de las granjas de los Dos Patas en el extremo oriental de su territorio. Hubiera deseado no tener que acercarse allí más que lo justo y lo necesario, pero necesitaban todo el alimento que pudieran encontrar. Cerca de las guaridas de los Dos Patas, la nieve no era tan espesa y tampoco tenía tanta profundidad como en el interior de su territorio o del bosque que se extendía más allá del páramo. Allí, los Dos Patas se encargaban de retirar la nieve para que los monstruos que cruzaban el Sendero Atronador pudieran caminar con tranquilidad y seguridad. La temperatura que por allí se encontraba también era más cálida que la del bosque, por lo que seguro debían de haber presas pululando cerca de las grandes guaridas chillonas. Algunas guaridas contaban con jardines en donde los animalillos podrían encontrar una fácil comida. Empezaría por las guaridas con jardines, haber si podía encontrar algún que otro ratón de campo.

Con un salto medio desastroso, el blanquecino mantiene el equilibrio sobre la fina valla marrón y observa el jardín al otro lado. Sus celestes ojos recorrieron cada centímetro del jardín, aguzados en busca del indicio de que por allí se encontraba una presa a la que indicar el diente. Rápidamente, posa sus voraces ojos sobre un pequeño gorrión rojizo. Se relame rápidamente, intentando no hacer ruido para que el pajarillo no se largara alertado por el ruido. Unos vistazos a los jardines contiguos le informan de que, en ellos, se encontraban otras presas, puesto que podía escuchar desde lo más hondo de su oído como unos pequeños latidos corren. Perfecto, al menos con ésta estrategia no pasaremos hambre durante un tiempo. Sólo espero que estas presas sean suficientes hasta que la estación Sin Hojas abandone el bosque, piensa para sí mismo el blanquecino mientras salta, silenciosamente, hacia el jardín en donde se encontraba el pequeño gorrión.

Adoptó la postura de acecho y comenzó a reptar hacia donde se encontraba el pajarillo rojizo, observándolo con anhelo mal disimulado. No debía de hacer ruido si no quería alertar al gorrión de su presión. Su carne era de vital importancia para su clan… No estaba del todo acostumbrado a atrapar a pájaros, puesto que no eran las presas más frecuentes de los dominios del Clan del Viento, pero intentó hacer el mejor esfuerzo. Rápidamente se acercó al gorrión, quedando a tan solo una cola de ratón entre su hocico negro y la cola gris del pajarillo. Con un fuerte zarpazo, desgarró la garganta del ave y le dio un rápido mordisco en la garganta para acallar el chillido agudo estuvo a punto de hacer el insípido pájaro. Cuando estaba por levantarse, victorioso, con el pájaro entre sus fauces, sus patas se desestabilizaron y cayó al suelo con un pequeño golpe sordo. El blanquecino se resintió en el suelo mientras se lamía su pata doblada, sintiendo como ésta comenzaba a dolerle.

Lo último que necesito ahora es que me lesione la pata enferma, piensa para sí mismo con hastío y el ceño fruncido. Sus ojos celestes parecían dos rendijas de hielo mientras se observaba la pata herida. Su gélida mirada celeste se clavó en un pequeño charco congelado que se encontraba a dos colas de ratón de donde se encontraba tirado. Ese charco congelado había sido el causante de que hubiera resbalado y se hubiera hecho daño en la pata herida. Espero no tener una lesión, ya es suficiente con tenerla doblada de esta forma tan… antinatural, piensa para sí mismo mientras se pone en pie y camina, cojeando, hacia donde se encontraba el gorrión. Recoge a la presa del suelo y hace un agujero con las zarpas delanteras en el mismo jardín de los Dos Patas para enterrarla. Se arriesgaba a que lo encontrara un minino casero, pero no podía hacer otra cosa por culpa de su pata.

A veces esta pata es un verdadero incordio… espero que un minino casero no se lleve ésta presa que tanto me ha costado encontrar, piensa para sí mismo el blanquecino mientras mete al gorrión en el agujero que había hecho y comienza a tirarle tierra mezclada con nieve. Al menos la nieve evitaría que se descompusiera durante algún tiempo, pero debía de venir a recogerla cuanto antes. Primero iría a los jardines contiguos en busca de más presas a las que atrapar, luego ya haría un montón con todas las que pudiera conseguir y volvería al campamento. Sólo esperaba que tuviera las suficientes como para alimentar a los más débiles. Una punzada de dolor cruzó su pecho cuando pensó la situación en su campamento, pero ya no podía hacer otra cosa que buscar presas como un loco y esperar que sus compañeros más débiles fueran lo suficientemente fuertes como para aguantar la escasez, o hasta que llegaran nuevas presas al campamento… Aguantad compañeros, la carne fresca está de camino, piensa para sí mismo el líder blanquecino.


Datos:
Nombre. Estrella Torcida // Crookedstar.
Lunas. 40 lunas.
Género. Masculino.
Breve Psicología. Gata pacífico que odia pelear. Prefiere entablar conversación para ganar batallas. Generoso, educado y estricto en su trabajo de líder. No soporta que los demás clanes consideren al Clan del Viento débil, por lo que trabaja incansablemente para que esto no suceda.
Breve Físico. Gato blanco, con las puntas de las orejas, zarpas y la cola por entero marrones. Su hocico es negro azabache y tiene los ojos celestes claros.
Pareja. Sin pareja actualmente (posiblemente sea NPC).


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Re: Encuentros Inesperados [Privado Zach y Estrella Torcida]

Mensaje por Zach el Vie Jun 10, 2016 9:15 am

El minino casero estaba tirado en el sofá. Su dueña lo tenía entre sus brazos y le estaba acariciando continuamente la barriga; dulces y lentas caricias por toda la espesura del gato. Éste solo pudo ronronear y cambiar de posición para que la dos patas comenzara a acariciarle la espalda.

Algo lo sacó de su momento de felicidad, el timbre de la puerta rezumbó por todo el salón. La chica se levantó tirando al felino al sofá; éste calló de espaldas. Intentó incorporarse pero sus rechonchas zarpas no podían con su cuerpo entero, así que comenzó a rodar hasta quedar completamente erguido.

Siguió a su dueña hasta la puerta, pero ella le hizo un ademán con la mano para que no se acercara mucho, lo obedeció y permaneció quieto meneando la cola de un lado a otro.

Cuando se abrió la puerta un hombre vestido con un esmoquin negro entró en la casa; el minino no podía comprender lo que estaban diciendo, pero por la cara de la chiquilla no era muy bueno.

Ella lo guió hasta el salón y el gato se acercó sonriente al nuevo. Le pasó por en medio de sus piernas y el hombre bajó la cabeza para mirarlo mejor.
-Señorita, soy alérgico a los gatos ¿Podría llevarselo de aquí?-Preguntó algo molesto.

Zach no entendía aquellas palabras pero la dos patas sí, por lo que cogió a Zach y se lo llevó a la cocina.
-Zach, ¿Por qué no sales fuera un rato? Juegas un ratito y luego vuelves para comer ¿vale? -Dijo mientras comenzaba a vestir al felino, sí, a vestirlo; hacía frío y no quería que su mascota cogiera un resfriado así que le puso un jersey completamente a su medida de un color azul pastel que combinaba a la perfección con sus ojos.

Le abrió la puerta de la cocina que daba directamente al exterior. Zach miró a su dueña algo extrañado, apenas había entendido sus palabras pero al parecer, por sus pequeños movimientos con la mano hacía la puerta, quería que el minino saliese fuera; éste al poner una pata fuera observó la cara de la dos patas, está sonreía, por lo que debía ser eso. Nada más salir una oleada de frío le recorrió la espalda, realmente hacía frío y el cuerpo de el gato todavía no se acostumbraba.
Una vez fuera observó los territorios salvajes ¿Por qué no pasear un rato por allí? Quien sabe, incluso podría conseguir alguna presa si tenía suerte.

Guiado por su instinto y olfato llegó hasta un lugar donde no había llegado nunca, era extraño, pero el olor a presa lo llamaba y producía un gran gruñido en su barriga.
-¡Seguro que es aquí!- Maulló en voz alta mientras escarvaba en la nieve.-No se como puedes ser tan genial, Zach-Se dijo felicitandose.

Una vez hubo sacado la presa y cuando le iba a pegar el primer mordisco un olor extraño captó su atención, Zach dio una vuelta completa intentando ver el portador de el olor; era gato, espera ¿Gato salvaje? El pelaje de el minino se erizó instintivamente e intentó volver por donde había venido antes de que el extraño se percatase, si no lo había hecho ya, de su presencia.

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Re: Encuentros Inesperados [Privado Zach y Estrella Torcida]

Mensaje por Estrella Torcida el Sáb Jun 11, 2016 1:06 pm

Nota de la Administración:
Los gatos no pueden entender el idioma de los Dos Patas. Sólo pueden captar algunas palabras sueltas y sólo lo pueden llegar a hacer si han vivido un largo tiempo en compañía de algún Dos Patas. Edita tu post por favor. Un saludo

Sus pasos eran poco elegantes, y su cuerpo se balanceaba de lado a lado debido a sus pasos. Cojeaba levemente de una de sus patas traseras, más concretamente de su pata trasera torcida. Su cara estaba arrugada debido al terrible dolor que debía de estar aguantando en esos mismos instantes. Cada paso le parecía un sufrimiento como nunca antes lo había sentido, literalmente, puesto que cada vez que hacía viajes largos sus patas comenzaban a dolerle una tremenda barbaridad. La dolencia no hacía más que aumentar a cada minuto. El hambre le estaba jugando malas pasadas y su ansiedad de encontrar presas que llevar al campamento, acrecentaba cada pocos latidos de su corazón, el cual se aceleraba a un ritmo casi frenético cuando pensaba en las obligaciones que pesaban sobre sus hombros. Cerró los ojos con fuerza mientras zarandeaba con violencia su blanquecina cabeza, en un intento por deshacerse de tan aciagos pensamientos.

Sus pasos lo dirigieron hacia la siguiente casa de Dos Patas, donde se aferró a la fina barandilla de la valla en la que se había posado. Hasta ahora había tenido algo de suerte en su búsqueda de presas. Había cazado a un gorrión nada más penetrar en el jardín contiguo, y poco después de depositar a su presa recién cazada en un agujero seguro de los mininos caseros; había conseguido atrapar a un joven conejo que apareció de la nada entre un par de matorrales plantados en uno de los jardines. Poco después de atrapar al conejo, volvió a donde había enterrado el gorrión e hizo otro agujero al otro lado del primero, escondiendo es ése agujero, el cuerpo muerto del conejo amarronado. Ahora se encontraba acechando a una urraca desprevenida, la cual picoteaba sobre la fina capa blanca de nieve, seguramente buscando algún resto de comida, semillas quizás, que poder llevarse a la boca. Aunque estés escuálida, será una buena pieza de carne fresca para mis gatos, piensa mientras se relame los bigotes.

Poco a poco, a paso muy lento y posando suavemente las zarpas sobre la nieve casi derretida de los jardines de los Dos Patas, se fue acercando a la desprevenida ave, la cual seguía observando el suelo en un frenesí por conseguir algo de comida. Sus pupilas se agrandaron cuando tuvo al pájaro a no más de dos colas de zorro de donde se encontraba él. Rápidamente, saltó de donde se encontraba, con una mueca que arrugó toda su cara al sentir como la pata torcida volvía a atenazarle con una oleada de dolor; y cayó sobre la urraca mientras le daba un fino y profundo zarpazo en el cuello, dejando que ésta se desangrara en su lugar mientras intentaba chilla en busca de ayuda, aunque sin éxito al tener la garganta perforada. Estrella Torcida aprovechó aquella pequeña pausa para lamerse la pata deformada, intentando hacer que corriera la sangre por aquella parte de su cuerpo. Se le había quedado entumecida después de haber estado observando largo rato a la urraca.

Hizo un par de movimientos de calentamiento en su sitio, intentando hacer fluir la sangre con más rapidez mientras le daba varios, y pequeños, lametazos con su rosada lengua. Sintió como algo le tocaba en el costado y desvió su mirada hacia lo que le había tocado. La urraca parecía seguir debatiéndose entre la vida y la muerte, golpeando el suelo escarchado con sus aerodinámicas alas y alzando su pico mientras hacía chillidos mudos de miedo. El blanquecino frunció el ceño, un poco molesto al ver que su presa aún seguía con vida. Con un potente mordisco en la base del cuello, la urraca dejó de removerse en su lugar y quedó completamente rígida. Estrella Torcida dejó caer el cuerpo inerte al suelo, y ésta vez, se aseguró de que no volviera a moverse con un par de zarpazos en las alas del pájaro. Ahora sí que tiene que estar definitivamente muerta, piensa para sí mismo el líder del Clan del Viento mientras observa, una vez más, el cuerpo de la urraca.

Inspiró bruscamente el aire gélido de su alrededor para luego expulsarlo con violencia. La cacería y la insistencia por conseguir presas lo habían puesto de mal humor. Tampoco contribuía el hecho de que la urraca se hubiera resistido a querer morir. Personalmente, a él no le gustaba hacer sufrir a sus presas como lo había hecho con aquel pájaro, pero los días que ahora se sucedían no eran los mejores como para mostrar clemencia ante una pieza de carne fresca como lo era aquella ave. No, debía de ser fuerte y conseguir todo el alimento que pudiera para los compañeros que lo esperaban en el campamento, desesperados porque su líder consiguiera alguna pieza de carne fresca que poder llevarse a la boca. Un pequeño estornudo salió de su nariz y un vaho gélido se formó delante de sus narices. Está comenzando a refrescar, será mejor que consiga algo más de carne fresca y vuelva al campamento, piensa para sí mismo mientras recogía a la urraca del suelo.

Desanduvo sus pasos de vuelta hacia el primer jardín en el que estuvo, listo para volver a cavar otro agujero en donde depositaría el cuerpo de la urraca y volvería a otro jardín para atrapar más carne fresca antes de volver a su campamento. Atravesó a la carrera una valla de madera algo maltrecha, puesto que un perro gigante se alzaba al otro lado de la misma. Cuando cruzó la valla la primera vez que estuvo allí, se sorprendió al encontrar a semejante animal al otro lado. No se había esperado el fuerte aullido que le hizo el perro hasta que se aferró a la madera, casi podrida, de la valla. Sus pasos se volvieron más enérgicos, animado ante la idea de haber conseguido un montón de carne fresca considerable para sus compañeros. Pero dicho ánimo desapareció rápidamente cuando sus orbes celestes captaron un extraño, pero reconocible olor, en el ambiente.

Sus ojos se entrecerraron y apretó los dientes contra el cuerpo de la urraca, saboreando el sabor de la sangre del ave en su lengua. Minino casero mezclado con el olor a mis presas, como me las esté robando… piensa mientras aprieta el paso para llegar cuanto antes al lugar en donde había dejado sus piezas de carne fresca. Efectivamente, y una vez que llegó a una valla cercana al jardín en donde había dejado las presas, se encontró con un gato blanco y gris, y bastante gordo a su parecer. Sus ojos se volvieron rápidamente a donde había depositado las piezas de carne fresca y vieron como la tierra había sido removida dejando a la vista el cuerpo del gorrión muerto. Su semblante adquirió un matiz gélido en cuento vio que el minino se largaba corriendo hacia su casa de Dos Patas. Pues no vas a escapar minino ladrón, se dice mientras corre hacia donde se encaminaba el minino casero, por encima de la valla. Cruzó más rápido que el gato gordo, a pesar de su pata deforme, y se paró justo delante de él con un potente salto, fijando su mirada celeste en la mascota y aún con la urraca entre sus dientes.

-Me robas las presas después de haber tardado un buen rato en localizarlas… ¿es que nadie te ha enseñado que no se deben robar las presas de otros? -dice el líder del Clan del Viento una vez hubo dejado en el suelo el cuerpo de la urraca, lo suficientemente lejos de la mascota como para que ésta no pudiera echarle una zarpa y quitársela. Ahora que lo tenía delante, observó al otro con más detenimiento. Era mucho más grande que él, con un frondoso pelaje blanco y gris y con unos ojos azules mucho más oscuros que los suyos propios. Aunque lo que más le impactó fue ver lo gordo que se encontraba el minino. Uno muriéndose de hambre y estos mininos caseros engordando a más no poder, piensa con notable hastío en su mirada. -Estos tiempos son muy difíciles para los míos y para mí, para nosotros cada presa cuenta. Tú ya tienes suficiente con la comida que te dan tus amos. Vete por donde has venido y no le vuelvas a poner las zarpas encima a mis presas. Lo último que quisiera hacer, es hacerte daño por hacer algo que no entiendes, minino casero -le espeta el líder mientras recoge la urraca y se dirige al agujero del gorrión.


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