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Mensaje por Featherstar el Vie Sep 02, 2016 6:19 am

• • •


Una suave brisa recorría el lugar, llevando consigo una deliciosa y siempre bienvenida temperatura agradable. Hasta parecería estar viviendo en un mundo de ensueño, particularmente si se alzaba la vista, recorriendo con ella los alrededores. Los colores carmesí y zafiro teñían las copas de los árboles, pudiendo verse entre ello los tenues y perezosos rayos del astro sol, quien concluía su jornada rindiéndose al horizonte y ante la belleza de su blanquecina compañera, quien lo relevaba imponente y brillante.

En un particular lugar del bosque, donde los pajarillos detenían sus canciones, acompañando a su guardián flameante diurno, donde el agua y su murmullo suave constante podría acompañarte hasta tu último latido de manera intermitente, donde los juncos eran considerados barreras protectoras, podían escucharse, si comprendías el idioma, unas agudas y entusiasmadas vocesillas.

Sí...sí...Pequeña Paloma. Pero dejame terminar. Luego. Y LUEGO —toma aire después de haber maullado por tanto tiempo—  ¡Lo juro! El ratón saltó sobre mí, ¡desapareciendo entre los matorrales!

Claro. Y luego volvió con una manada entera de perros para vengarse, liderándolos, ¿verdad Pequeña Pluma?— observa la cachorra carey, revoleando sus pequeños y brillantes ojos  ambarinos cambiando de lado en su posición relajada. Tomando con una zarpa la bola de musgo maltrecha con la cual se habían mantenido entretenidas hasta tan solo unos latidos de corazón atrás, la tira en dirección al hocico de su hermana moteada, acertando hábilmente.

¡Oye! ¡No andes tirando tus porquerías en mí! ¡Y no me llames mentirosa! —chilla la afectada, removiendo el morro y pasando una pata sobre ella. Pero realmente no se molestó, simplemente se dedicó a levantarse e inflar su pelaje, ofreciendo un aspecto tierno y cómico, a pesar que su rostro se mostraba inamovible — Es verdad lo que digo, hubiera sido la primer presa que cualquiera de nosotros hubiera atrapado. Pero se me escapó. Tu sí me crees, ¿verdad Pequeño Halcón? —finaliza, inflando el pecho aunque manteniendo las orejas pegadas al cráneo, viendo desafiante a la contraria, mas desviando sus orbes azulados y esmeralda por igual hacia un costado.

Uff. Ustedes dos, otros gatos queremos dormir. Cállense de una vez o yo mismo me encargaré de empujarlas al río "accidentalmente", para que tengan lecciones avanzadas de nado. Así les ahorrarán el trabajo a sus mentores de tener que aguantarlas —añade una irritada tercer bola de pelo  grisácea y atigrada, el cual se encontraba acostado unos pocos ratones de distancia, con ambas extremidades delanteras sobre sus orejas.

Eres un aburrido, Halcón. No sería una mala idea enseñarle una buena lección...Opinas igual, Pequeña Paloma, ¿eh? —unos orbes bicolores resplandecen, fijándose en su compañera quien, de un momento a otro, se convirtió en su mejor amiga y aliada.

Entonces, ambas little femmes dejan su pleito de inmediato. Se incorporan. Sonriendo ambas con cierta malicia que asustó a su hermano, quien lentamente se dispone a retroceder, pues la broma...se había tornado en su contra. Soltando un bufido, serpentea entre ellas con habilidad abismal, típica de un animal de presa, y escapa fuera de la Maternidad.

En el exterior, se desata el caos. Tras explotar a través de la barrera protectora, riendo alegremente, los tres cachorros arman un revuelo. Guerreros cuyas zarpas son pisoteadas, Aprendices blasfemando al Clan Estelar y Veteranos observando con desaprobación. Una gata negruzca, regresando de realizar aquello que su cuerpo le demandaba, reprime un chillido al notar el alboroto de sus pequeños. Antes de siquiera poder dar un paso y detener ella misma el bullicio, queda absolutamente petrificada al igual que todos a su alrededor. ¿La razón? El maullido potente, proveniente de un sitio en particular.

¡¿Pero qué se supone que están haciendo ustedes? ¿Cómo es que...? Corazón de Petirrojo, ¡¿dónde estás?!

El dueño de dichas palabras, un gato amarronado, de morro blanco y facciones fuertes, se trataba de Salto de Nutria, observando asombrado y absolutamente enfurecido desde el  ingreso al Campamento del Clan del Río. Tras él, una pequeña cabeza blanquecina se asoma. Su aprendiz, Zarpa de Garza. Simplemente hacía falta verle los ojos para saber inmediatamente que una tormenta se avecinaba. ¿Quién más que un iniciado para saber de lo que era capaz su tutor en condiciones extremas?

Padre... —maúlla Pequeña Pluma, dando un paso hacia el macho, con las orejas gachas y su diminuta cola tocando el suelo. Es silenciada inmediatamente al ver un par de orbes celestes amenazadoras.

SILENCIO. Están tan cerca de convertirse en aprendices, que uno pensaría dejarían ese comportamiento tan infantil de lado. Aún se mueven como simples cachorros recién nacidos. Me avergüenzan. Y yo...que confiaba en- ¿Dónde está su madre? —desvía la mirada y recorre nuevamente el campamento con ella, encontrándose de frente con un hocico arrugado y colmillos resplandeciendo bajo la luz lunar — ¡Corazón de Petirrojo! —musita, entre molesto e impresionado por no haber visto ni escuchado aproximarse a su pareja. Ésta en un santiamén se coloca sobre sus aterradas crías.

¿Acaso estás demente, Salto de Nutria? ¿Cómo te atreves a tratar a tus propios hijos de esa manera? —vocifera la félida, obligando a Pequeña Paloma, Pequeña Pluma y Pequeño Halcón a retroceder con ella.— Son sólo cachorros y tienen derecho a jugar. Admito que no deberían haberse comportado de esa manera, y ayudarán a reparar los daños provocados, pero ¡no de esa forma!

En lo que los padres se inmiscuían en una discusión acalorada respecto al comportamiento reciente, Pequeña Paloma se acerca a hurtadillas a su moteada hermana.

Esto es tu culpa...Si no hubieses corrido como salmón río arriba...

¿Estás loca? —responde Pequeña Pluma, ofendida ante el comportamiento de la gatita carey pálida— Tú me has seguido, por si no te diste cuenta. Además acordamos entre las dos perseguir a Pequeño Halcón...

¡Sh! No empeoren las cosas —contesta el tercer miembro de la banda, silenciando nuevamente a sus hermanas, quienes bajan la cabeza.

El pleito adulto parecía aminorar lentamente para cuando las pequeñas vocesillas callan.

L-lo...lo lamento. Pero...sabes bien que se comportan así porque eres demasiado sobre-protectora y permisiva con ellos...tarde o temprano, eso tendrá consecuencias —suspira el félido, intentando calmarse al darse cuenta de que tal vez había exagerado en su reacción.

Hablas como si no lo supiera...Como si nuestro pequeño al que perdimos nunca hubiese existido...aprendí, realmente, de lo que significó —continúa de igual tonalidad la nodriza, esta vez volviendo sus pupilas como finas zarzas, ignorando éstas la poca presencia de luz que los reflejaba. Un nuevo momento de silencio se apodera del claro, exceptuando por los pasos de aquellos gatos que no querían inmiscuirse en el pleito.

Pero los tres cachorros alzan las orejas, y observan a sus progenitores con expresiones de asombro. Es en éste momento que la femme se arrepiente de su ataque de ira.

Sí...mis niños...Pequeña Pa- —se interrumpe, corrigiendo rápidamente un error casi fatal— Ustedes hubiesen sido cuatro...pero...no sobrevivió más que unos pocos amaneceres...me di vuelta un segundo, y él ya no respiraba. Su padre no sabe lo que significó tener que dejarlo atrás...sin nada por hacer...más que lamentarse. —finaliza el relato, bajando la vista para luego ocultar la agonía tras los párpados.

El contrario estaba tan perplejo como sus retoños, y rápidamente olvidó lo que anteriormente se había dicho. Rodeando a su pareja, hasta pareciendo querer fusionar ambos pelajes en un cálido abrazo, murmura.

Mi vida...yo...por favor. No te juzgaré por no habérmelo dicho, pero déjame retarte por no permitirme compartir el dolor...

• • •



El resto del recuerdo se vuelve irrelevante. Estrella Plumosa alza la vista y la fija en la maltrecha y escuálida figura de su hermana, quien a pesar de su estado la observaba tras ojos ambarinos absolutamente llenos de veneno y el cuerpo arqueado amenazadoramente. A su alrededor, podrías hasta enceguecer si centrabas la atención en demasía contra la blanquecina nieve, ofreciendo un sutil contraste entre ella y el pelaje de la felina, aún con los pocos rayos del Sol que bienvenidos eran. Un pequeño y delicado copo de nieve se posó sobre su hocico, causándole comezón, mas lo ignoró por completo.

Ah...ya veo que no te has olvidado, Estrella Plumosa. —maúlla casi con un débil hilo de voz la gata carey, de tonalidades grises, marrones, blancas y negras pálidos, aún más a causa de la desnutrición sufrida...Mas su actitud servía como velo sobre la debilidad.

¡Eso no fue mi culpa y bien lo sabes! Tú... —arruga el hocico en una mueca amenazadora, acompañando sus erguidas y orgullosas orejas en el proceso de parecer aún más poderosa— Tú jamás te has hecho cargo de nada, Paloma Moteada. Solo causas problemas allí donde vas, sin medir las consecuencias de tus actos ni prepararte para resolverlas. Hasta incluso esa vez nos has dejado a Halcón Gélido y a mi colocándole bilis de ratón a los Veteranos... —contesta la moteada, parada a pocos pasos de zorro de la contraria, dando un paso hacia ella en lo que agitó su rabo, molesta. El lomo de la gata se encontraba erizado ya de por sí, y el recuerdo que le habían obligado a recuperar sólo le provocó un nuevo ataque de ira. Mas no se atrevía a avanzar, puesto que, como aquella vez tratándose de sus padres, se encontraban en medio del Campamento del Clan del Río. Paloma Moteada aprovechaba perfectamente la situación que ataba de patas y hocico a la líder, ya que a pesar de que el lugar se encontrara casi vacío por ser el momento del día en que todos recorrían el territorio en busca de la presa más pequeña para satisfacer la hambruna creciente de los que aún tenían la fortaleza suficiente para aferrarse a la vida.

No tenía por qué hacer algo que simplemente no fue provocado por mí...Halcón Gélido es un simple gato débil que no sabe defenderse por sí mismo. Es por eso también que Madre ha sufrido-

¡NO TE ATREVAS A HABLAR DE ESA MANERA DE HALCÓN GÉLIDO! —Vociferó. De un salto, Estrella Plumosa se encontró encima de su hermana, aprisionándola bajo su peso y exponiendo sus garras  sobre su cuello, evitando que su hermana continuara balbuceando. Una vez allí abajo, pudo verse reflejado el terror en la félida, quien soltó un único gemido de espanto, a pesar que rápidamente la expresión es intercambiada por una sonrisa macabra, la cual confundió por un momento a la líder, aunque no lo demostró externamente

¡Vamos! Hazlo y demuéstrale a todo el Clan de lo que realmente eres capaz, Estrellita. Si hubieras tenido éste valor entonces, aún podríamos ser los hermanos que una vez fuimos.

Hasta eso habían llegado...Una simple situación, tantas lunas atrás, bastó para que las amenazas afloraran cada vez con más frecuencia. Mas ésta resultaba la primera vez en que la situación avanzó al contacto físico, de allí el estallido de sentimientos entre ambas félidas. Pero Estrella Plumosa sabía perfectamente que si continuaba por dicho camino, terminaría realmente lastimando físicamente a su...contrincante. Soltando un suave y pesado suspiro, se limita a negar con la cabeza...mas aún sin separarse de su posición.

No te daré el gusto, Paloma Moteada. Puedes seguir intentándolo, pero una cagarruta de rana como tú no merece que me ensucie las garras ni un ápice, al igual que es absolutamente estúpido gastar energía que bien podría utilizar en conseguir algo para alimentar el Clan. Tal vez no lo has notado, pero cada día perdemos más y más gatos. ¿Tan rápido te has recuperado de lo ocurrido a Garza Silenciosa? ¿O acaso también eso ha sido mi culpa? ¡Lo único que falta es que me culpes a mí de todo lo que ocurre en el bosque! Por supuesto que tiene que ser mi deseo ver fallecer a todos a mi alrededor. Por favor, sabía que eras estúpida, pero jamás creí que a niveles abismales.

Por un momento, pudo dar cuenta de haber colocado su lengua de plata en un punto sensible de la contraria, pues una de las orejas ajenas se agitó inquieta y su vista nubló irremediablemente. Garza Silenciosa había sido la pareja de la contraria hasta que él también, finalmente no pudo soportar las duras condiciones enfrentadas, cediendo su vida para unirse al Clan Estelar. Sabía que finalmente, podría descansar, por el momento, de su hermana. La conocía lo suficiente; habían peleado tantas veces, que podía denotar de inmediato cuándo la contraría cedía. Moviéndose a un lado, dejándola libre -y petrificada en el suelo aparentemente-, voltea y encamina en dirección a su guarida bajo el tocón donde solía convocar a las reuniones de Clan. Mas antes de alejarse fuera del campo auditivo se detiene, aún dándole la espalda.

Por cierto. —gira la cabeza para observarla con el rabillo del ojo, encontrándola incorporándose lenta y temblorosamente— No se por qué me has llamado así. Pero que quede bien en claro...Hace muchas lunas que yo no te considero mi hermana. Salto de Nutria y Corazón de Petirrojo son la único que nos mantiene relacionadas. Ahora desaparece de mi vista, y ve por ahí a hacer algo productivo. Aunque ya me he hecho la idea de que ni para eso sirves. Realizarías mejor tu trabajo si te encontraras en el interior del estómago de un zorro. En lo que a mi concierne, es lo mejor.

Finalizando la plática y alzando el morro y cola con orgullo, Estrella Plumosa termina el corto recorrido que la llevó al exterior del tronco, sin importarle de la condición de Paloma Moteada. Estuvo a punto de ingresar, buscando calor y la única calma que encontraría en el maldito lugar. Odiaba a todo y todos en ese momento. Soltando un bufido exasperado, se niega hasta incluso adentrarse a su guarida. No podría dormir como pretendía, ya que las ideas y los sucesos recientes la atormentarían. Clavando las ancas en la gélida y mullida nieve, se dispone a balbucear entre dientes en lo que se asea. Pasar su lengua por sobre sus costillas le resultaba doloroso, ya que rechazaba gran parte de su alimento sólo por alimentar a los demás, y los músculos poderosos tan característicos de ella vociferaban por algo que les diera la contextura que solían poseer. Sólo mantener limpio su pelaje lograba ocultarlos...a duras penas.

En lo que se ocupaba de su rostro, alzó la vista, maullando por fortaleza a unos seres invisibles aunque, esperaba, aún presentes en el Manto Plateado. ¿Cuánto más podría soportar del constante acoso antes de que finalmente sus instintos  se apoderen de ella?
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Re: ¿Por qué debería confiar en tí? | | Priv. Rainheart |

Mensaje por Rainheart el Vie Sep 02, 2016 8:55 pm

Un desolado paramó blanco se hacía notar por sí solo. El rumor de la suave brisa helada era lo único que se movía por esas tierras heladas además del gato atigrado, que movía con pesar cada pata a través de la nieve, con pesar y cansancio. Unas huellas hundidas en ese terreno blanco era lo único que señalaba exactamente había vida, para preocupación del felino escuálido quien con dolor se relamía el hocico, suspirando y dejando a su paso una nube visible de  su propio aliento.
Alza el mentón y olfatea el aire en búsqueda de algo apetecible pero sin éxito alguno,  decide soltar un suspiro de decepción.

Avanzando por la blanca nieve a paso lento, el atigrado consigue llegar hasta el río congelado, acercándose a la orilla con extrema cautela. Unos golpes con la zarpa sirvieron para confirmar los temores que él ya conocía. No habían presas ni por tierra ni por agua, y la situación no parecía querer mejorar en ningún aspecto posible. Decepcionado, el joven felino se dispone a regresar al campamento.

Una larga caminata por interminables senderos blancos con algún que otro ocasional árbol gris desprovisto de todo verde, fueron las vistas que tuvo el felino antes de llegar a campamento igual de pálido que el territorio que lo rodeaba. Habían muy pocos guerreros visibles en el campamento, pero lo que le sorprendió fue encontrarse con la líder casi en mitad del claro, su hermana Paloma Moteada andaba cerca, inmóvil dándole la espalda en una distancia alejada.

Tras acercarse a la inexistente pila de comida, el estómago del atigrado resonó al darse cuenta nuevamente de la situación. ¿Hace cuantos días que había probado un solo bocado? Suspiro de mala gana al darse cuenta que tendría que llevarse a la boca raíces y tierra si quería mitigar el hambre aunque fuese un poco.

Despego sus ancas del suelo y fue a sentarse frente a la guarida de los guerreros, dejándose caer cerca de la entrada y observando los escasos gatos que habitaban en el claro.
Unos murmullos rompían con la tranquilidad del lugar, balbuceos que no parecían tener sentido llegaban a las orejas del joven como un cosquilleo en medio de ese lugar invernal. Observando a la escuálida gata carey en medio del páramo helado, la descarto enseguida por el aparentemente estado de debilidad que se encontraba. No, sus ojos se posaron en la líder melada, quien a simple vista parecía acicalarse pero sus murmullos, aunque inentendibles,  llegaban a orejas del felino.

Una oleada fría llega calando los marcados huesos en la piel del guerrero, ¿Qué planeaba hacer Estrella Plumosa ante tal situación?  Bien sabía que la líder poco tenía que hacer más de lo que había hecho hasta ahora. Una patrulla había vuelto, arrastrando las colas por la blanda nieve, dejando atrás líneas vacías que se llenaban cada segundo debido a la constante nevada.
Los guerreros de diferentes tonalidades estaban demacrados, los huesos y costillas se les podía ver perfectamente y ninguno traía consigo ninguna presa tampoco, ¿Era el Clan Estelar consiente de esto? ¿Lo permitía a pesar de todo?
Un suspiro y nube de aire se dejó ver cerca del hocico del gato, viendo a la maternidad y luego a su propia guarida que compartía con los demás guerreros, sabiendo que debía hacer algo al respecto y no esperarlo.
Aguanten un poco más… saldremos de esta. —Susurró al aire sin esperar que nadie escuchase sus maullidos.

Debía volver a intentar conseguir presas por lo que el pequeño descanso había terminado. Despego sus ancas del suelo, cayendo nieve que se había quedado pegada en el pelaje mientras se dirigía a la entrada del campamento. Observó a la gata carey aun inmóvil en ese lugar, emanaba cierto olor que le indicaba al felino que no debía acercarse más simplemente empezó a caminar a su lado, manteniendo las pisadas firmes y observándola de reojo mientras se acercaba, intercambiando la fija mirada entre ella y la líder a lo lejos, más ignorando completamente que clase de pensamiento tenian ambas en ese momento.
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